Kinder Magic Moments

Bienvenidos al Blog de Kinder Magic Moments. Estamos innovando con esta nueva forma de hacerles llegar articulos de importancia para el mejor cuidado, y educacion de sus hijos. Esperamos sea de su agrado. Puede poner comentarios al final de cada articulo. Porfavor haganos llegar temas de los que le gustaria que escribieramos a la direccion: info@kindermagicmoments.com Muchas Gracias. Kinder Magic Moments

lunes, febrero 19, 2007

Aprendiendo mas de un idioma

En el caso de los niños, ser bilingüe significa aprender más de un idioma a la vez. Típicamente, en los Estados Unidos tenemos a niños aprendiendo el idioma de la casa, español, coreano, hmong, etc., junto con el inglés.

El idioma de la casa es realmente el idioma al que los niños están expuestos desde el momento en que nacen a través del cuidado de los adultos que los rodean. El idioma de la casa es mucho más que palabras. Es como los niños empiezan a ver el mundo y a experimentarlo—es la manera como ellos eventualmente describirán su cultura, sus sentimientos, sus acciones.

Generalmente, el idioma de la casa está determinado por adultos porque es el lenguaje con el que se sienten más cómodos para comunicarse y el que mantiene la tradición de la familia. El idioma de la casa también está unido a las comidas, expresiones, celebraciones, medios de comunicación, etc. del hogar o en muchos casos el vecindario representa el idioma. El idioma de la casa también tiene un vocabulario o palabras, expresiones y estructuras gramáticas específicas que los niños captan a través de las conversaciones, interacciones o experiencias. El idioma de la casa también proporciona la exposición a sonidos del idioma o de los idiomas que un niño va a emitir.

No es confuso para los niños aprender más de un idioma a la vez. Cuando los niños nacen se encuentran en una situación en la que el cerebro está preparado para recibir y almacenar idiomas. A través de la exposición a los medios ambientes y a los adultos cariñosos que los rodean, los niños captan el idioma a través de sus actividades e interacciones diarias. El aprendizaje de un idioma es multi-sensorial. Sucede a través de todo lo que los niños ven, oyen, tocan, saborean, y huelen.

Existe una buen número de estudios que indican que es crítico mantener el idioma de la casa por razones culturales y de aprendizaje. Cuando los niños aprenden un idioma, aprenden más que palabras, ellos aprenden el significado de su mundo a través del lenguaje. Les otorga una perspectiva de vida que es exclusiva a su hogar, a sus experiencias, a sus tradiciones, y un medio para comunicarse con aquellos que los rodean y que son queridos por los niños, ya sea que estén cerca o lejos.

Cuando los niños pierden un idioma de la casa, ellos pierden más que palabras y maneras de hablar con los miembros de su familia. También pierden el sentido de identidad. Ya no tienen la base de experiencias con las que crecieron. De pronto, las comidas, los nombres, las costumbres, o los sentimientos que están acostumbrados a expresar en un idioma que era común, ahora deben ser aprendidos y expresados en maneras que son totalmente desconocidas. Otra consecuencia importante al perder un idioma de la casa es que muchas veces aparece una brecha de comunicación entre los miembros de la familia.

Los niños aprenden más de un idioma a la vez categorizando cada idioma y aprendiendo los sonidos, las palabras, la gramática y otras particularidades del lenguaje de cada idioma. Los niños aprenden cualquier idioma a través de experiencias que se repiten una y otra vez y que involucran un aprendizaje multi-sensorial. Los niños aprenden primero a entender conceptos en un idioma y luego a usarlo verbalmente para expresar ese concepto. No es raro que los niños hagan “un cambio de código” cuando estén expuestos a más de un idioma. Esto quiere decir que los niños combinarán las palabras de un idioma y de otro en un mismo diálogo.

Idealmente, aprender más de un idioma debería suceder entre el nacimiento y los 12 años—el periodo ideal es empezar desde el nacimiento y continuar durante los primeros 6 años.

Hay tantas ventajas de ser bilingüe que no todas podrían aparecer cuando los niños son chicos. Ser bilingüe le permite a los niños tener también una consciencia de que el mundo no es todo igual, existe una apreciación por las diferencias y un entendimiento de otros puntos de vista diferentes al propio. También les brinda tremendas oportunidades en el futuro—cuando entran a la secundaria y a las universidades ahora se les exige que aprendan otro idioma—aquellos que ya tienen una base pueden avanzar aún más. En nuestro futuro, el mercado de trabajos requerirá de individuos que sean multilingües. Finalmente, mantiene la comunicación dentro de las familias.

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martes, octubre 31, 2006

¿Cómo Cuido los Dientes de Mi Niño Pequeño?

¿Cómo debo cuidar los dientes de mi niño pequeño
Transmitiéndole buenos hábitos de higiene bucal que es una de las lecciones de salud más importantes que puede enseñarle. Esto significa ayudarlo a cepillarse por lo menos dos veces al día, mostrarle la forma adecuada de utilizar el hilo dental, evitar el consumo de alimentos entre comidas y llevarlo al odontólogo periódicamente.

La mayoría de los odontólogos recomiendan que los niños comiencen a visitar el consultorio dental a los dos años. Esto ofrece la oportunidad de controlar el crecimiento y el desarrollo dental del niño, y le brindará a usted la oportunidad de aprender sobre el desarrollo de los dientes, sobre la necesidad de utilizar fluoruro, sobre cómo ayudar a su hijo a mantener una correcta higiene bucal, cómo resolver los hábitos bucales de su hijo (como el uso de un chupón), aspectos sobre la dieta y la nutrición, y cómo prevenir las lesiones bucales.

Siempre comente que la visita al odontólogo es una experiencia positiva. Explique a su hijo que esto ayuda a mantener una buena salud bucal. Ya que se fomentará una actitud positiva, que aumentará las posibilidades de que su hijo vaya al odontólogo periódicamente durante toda la vida.

¿Qué debo hacer cuando los dientes de mi hijo comienzan a erupcionar?

Los dientes comienzan a erupcionar alrededor de los seis meses de edad y continúan haciéndolo hasta aproximadamente los tres años. Esto provoca molestias en las encías de muchos niños, situación que los pone irritables. La molestia puede disminuirse con frotar las encías con el dedo, con una cucharita fría o una mordedera que haya sido colocada en el congelador. Existen también geles y productos analgésicos que pueden ser utilizados durante la erupción de los dientes de los bebés. Consulte al odontólogo o al pediatra acerca de estos productos. Si su hijo tiene fiebre durante la dentición, lo mejor es comunicarse con el médico para descartar la posibilidad de otro tipo de trastorno.

¿Cuál es la forma correcta de cepillar los dientes de mi hijo?

Se aconseja la supervisión del cepillado de su hijo hasta los seis años, siguiendo las siguientes instrucciones:
Utilice una pequeña cantidad de crema dental con bajo nivel de flúor (del tamaño de un chícharo), aprobada por la Asociación Dental Mexicana. Verifique que sus hijos no se pasen la crema dental.

Utilice un cepillo dental con cerdas suaves, cepillando primero las superficies interiores de todos los dientes, donde se acumula más placa. Coloque las cerdas inclinadas hacia la encía y cepille suavemente hacia delante y hacia atrás.
Limpie todas las superficies exteriores de los dientes. Coloque las cerdas inclinadas hacia la encía y cepille suavemente hacia delante y hacia atrás.

Coloque el cepillo de modo que las cerdas estén sobre la superficie de masticación de los dientes. Cepille suavemente hacia delante y hacia atrás.

¿Es el hábito de succión del dedo un problema? ¿Cómo puede tratarse?

El reflejo de succión es normal y saludable en los bebés. Sin embargo, si continúa después de haber erupcionado los dientes permanentes, entre los cuatro y los siete años, este hábito puede provocar problemas con el crecimiento de la boca y la mandíbula, así como con la posición de los dientes. La succión habitual del dedo hace que los dientes anteriores se dirijan hacia afuera ocasionando una mordida abierta. Lo cual puede ocasionar problemas en la edad adulta, tales como desgaste prematuro de los dientes, mayor cantidad de caries y molestia al morder. La succión de chupones una vez que aparecen los dientes permanentes produce problemas similares.

El mejor modo de resolver el hábito de succión (chupadedo) es a través del refuerzo positivo, sin utilizar palabras ni conductas negativas. Su hijo sólo está haciendo lo que le parece natural. Elógielo cuando no lo haga. Intente corregir la ansiedad que da origen a dicho hábito. El odontólogo o el pediatra también pueden recetar algún producto de sabor amargo para recubrir el dedo y evitar la succión o bien algún aparato que le recuerde que no debe succionarlo.

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Desarrollo motor

La mayoría de los niños desarrolla sus habilidades motoras en el mismo orden y a aproximadamente la misma edad. En este sentido, casi todos los autores están de acuerdo en que estas capacidades están preprogramadas genéticamente en todos los niños.

El ambiente desempeña un papel en el desarrollo, de modo que un ambiente enriquecedor a menudo reduce el tiempo de aprendizaje, mientras que un ambiente empobrecido produce el efecto contrario.

La lista siguiente describe el desarrollo motor de los niños en orden secuencial. Las edades mostradas son promedios y es normal que éstos varíen en un mes o dos en cualquier dirección.

2 meses. Son capaces de levantar la cabeza por sí mismos.

3 meses. Pueden girar sobre su cuerpo.

4 meses. Pueden sentarse apoyados sin caerse.

6 meses. Pueden sentarse derechos sin ayuda.

7 meses. Comienzan a estar de pie mientras se agarran a algo para apoyarse.

9 meses. Pueden comenzar a caminar, todavía con ayuda.

10 meses. Pueden estar de pie momentáneamente sin ayuda.

11 meses. Pueden estar de pie sin ayuda con más confianza.

12 meses. Comienzan a caminar solos sin ayuda.

14 meses. Pueden caminar hacia atrás sin ayuda.

17 meses. Pueden subir escalones con poca o nada de ayuda.

18 meses. Pueden manipular objetos con los pies mientras caminan, por ejemplo, golpear un balón con el pie.



Artículo editorial de Cepvi.com. Ana Muñoz, psicóloga, directora. Copyright © Cepvi.com. Reservados todos los derechos.

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sábado, setiembre 30, 2006

Las mentiras: ¿Grave problema o simple travesura?

Las mentiras: ¿Grave problema o simple travesura?

Los niños pequeños de entre 3 y 5 años, suelen confundir la realidad con la fantasía. Por eso, cuando juegan crean un mundo casi tan real como la vida, y les gusta hacer cuentos e inventar historias. En esta edad es cuando hacen a los padres cómplices de sus juegos y pretenden que participen de su mundo y su realidad.

Según la psicóloga infantil Alejandra Muñoz, para mentir tiene que haber una intención y un objetivo, lo que recién se establece con el desarrollo del pensamiento a los 6 años, donde el niño ya es capaz de discriminar la verdad de la mentira. Aunque no siempre está conciente de lo que es mentir, muchas veces lo hace para evitar un castigo o llamar la atención. “Si bien, moralmente la mentira es mala, primero hay que evaluarla de acuerdo al contexto, ya que tiene que ver más con el entorno que rodea al niño que con una intención de él. En forma espontánea tiende siempre a decir la verdad, en cambio la mentira se aprende, y es un recurso muy usado de salvación de situaciones”.


¿Por qué miente?

Cuando el niño empieza a tener mayor conciencia de la realidad, a partir de los 6 años, y se da cuenta de que, a veces, alterando la verdad puede conseguir ciertos beneficios, empieza a moldear la realidad para obtener cosas, comienza a intentar engañar a los papás y es ahí donde la mentira puede ser un peligro serio.

A medida que el niño va creciendo, es más fácil que recurra a mentiras interesadas, por ejemplo, para evitar responsabilidades o castigos por sus acciones. Si bien esta es una estrategia natural que el niño ocupará, va a depender del manejo que realicen los padres si se convierte en una estrategia permanente o pasajera. Para evitar que se mantenga en el tiempo, se recomienda hablar con el pequeño para explicarle la importancia y los beneficios de la verdad, la honradez y la confianza, junto con ejemplificarle cuáles son las consecuencias de mentir, por ejemplo sentirse mal con uno mismo y además, generar desconfianza en los otros.

La rigidez o las altas exigencias también pueden provocar en los niños temor al castigo y motivarlos a mentir. Si un padre lo obliga a sacarse buenas notas y lo reta violentamente si le va mal, entonces el niño empieza a copiar en pruebas para que le vaya bien u ocultar la nota para evitar la sanción. Los papás deben preguntarse qué está llevando a su hijo a mentir, a pesar que la honradez sea un valor que le hayan inculcado como padres.


Según la psicóloga, en las trampas el pequeño busca demostrar algo, ser mejor que el otro, o esconder una debilidad, y mantener una imagen positiva ante los demás para no ser discriminado o rechazado.

Desde los 6 años en delante, para los niños las reglas en los juegos y el hecho de ganar se vuelve algo muy importante. Por eso, es común una pequeña trampa, pero hacerlas en forma sistemática o insistir en mentir, pese a que sabe que todos los demás niños se dan cuenta y aún así se mantiene en su postura, es signo de que tiene algún problema. Por lo tanto, hay que preocuparse respecto de qué está pasando.


¿Cómo deben reaccionar los padres?

La psicóloga Alejandra Muñoz, afirma que los papás siempre deben cuestionarse cuando su hijo miente, ver por qué lo hace, cómo han actuado antes, si han sido muy exigentes o restrictivos con él. Si bien la mentira nunca se debe dejar pasar, los padres no deben castigar inmediatamente, si no preguntarle por qué lo hizo, y darle la confianza necesaria para que diga cuáles fueron sus razones.

La profesional explica que, por ejemplo, si un niño escucha que su mamá dice cuando la llaman al teléfono que no está, siendo que realmente no quiere hablar con la persona, le está diciendo a su hijo, indirectamente, que mentir es aceptable y estará modelando su conducta. Y lo más seguro es que el niño no pueda entender que algunas mentiras se ‘pueden’ decir mientras que otras no. “Es bueno que los padres le expliquen por qué a veces ellos dicen mentiras ‘piadosas’, y que les hagan ver que eso no es lo mejor, y que no debe ser lo habitual”, afirma la psicóloga. El niño necesita conocer un mundo real, donde un adulto miente pero se retracta, pero no decirle por ejemplo, tu mamá nunca miente, porque eso no es cierto y él lo va a comprobar a lo largo de su vida.


regular con castigos proporcionales a las faltas, “es decir, si un niño de 12 años le roba un estuche al compañero y lo esconde, debe ser castigado con algo que realmente le afecte. Pero no se puede castigar a ese mismo niño porque le dijeron que apagara el televisor a las 7 para que hiciera las tareas y la apagó a las 8 y media, no tiene proporción que se le aplique el mismo castigo, y en este caso lo que se debe hacer es conversar y transar. Si hace sus tareas antes, puede ver más televisión, por ejemplo”. Negociar siempre es bueno para que el niño pierda el miedo de decirle la verdad a los padres, si tiene buena comunicación va a evitar mentir. Mientras más chicos más importante es el castigo conductual, porque todavía no es capaz de abstraer las consecuencias de las conductas, las tiene que vivir.

El contexto ideal para evitar las mentiras en los niños, es uno en el cual pesa más decir la verdad que evitar un castigo. Los padres debieran felicitar a su hijo cuando es capaz de reconocer aquello que le es difícil y lo enfrenta a pesar de saber que a los papás no les va a gustar. Si lo sancionan a pesar de haber dicho la verdad, no le estarán enseñando los beneficios de la honradez, por lo tanto, el castigo deberá ser menor, utilizando la honradez como un atenuante. Frente a las trampas, es importante reforzar el orgullo de obtener algo a través de sus propios méritos, haciendo énfasis en el esfuerzo, por ejemplo, más que en el resultado final.

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martes, setiembre 12, 2006

¿Por qué mi hijo ha dejado de comer después del primer año de edad?

Los niños y la comida.

Uno de los motivos más frecuentes de consulta en niños después del año de edad, es la falta de apetito o la apreciación de la mamá de que su niño come mal. Esto condiciona angustia en las madres, pues enseguida se piensa que el niño se va a desnutrir, que tiene parásitos o alguna enfermedad grave, lo cual genera una situación tensa en el binomio madre-hijo, pues con el afán de que el niño coma se cometen excesos como son: permitir que el niño coma cuando y lo que quiera sin disciplina ni horario, coincidir la hora de la comida con el hábito de ver televisión y premiar de esa forma al niño si come bien, para compensar se permite incluso que el niño tome más leche o se premia excesivamente con golosinas cuando el niño acepta comer, pero en otras ocasiones lo que llega a suceder es que la mamá se altera y recurre a regaños y castigos para lograr que el niño coma, lo cual favorece la actitud de reto en el pequeño y constituye una ganancia secundaria en el tiempo que el niño está demandando a los que le rodean. Es importante tener presente que es a esta edad en donde el sentimiento de independencia y la necesidad de explorar su medio, hacen de cualquier niño un ser inquieto que conoce poco de límites y que además su tiempo y atención se centrará en juegos y nuevas experiencias, así que se rehusará a sentarse a comer disciplinadamente, no acepta que le "ayuden", desea comer solo, lo cual incomoda a muchas madres porque tiran la comida, se ensucian y no comen bien, pero ésta es una de las principales causas por las cuales los niños dejan de comer y establecen rivalidad con quien los alimenta.
Esta etapa de anorexia o falta de apetito transitorio se caracteriza por presentarse en niños sanos, que no lucen enfermos, con vitalidad normal, es decir todo el día juegan y están inquietos, les basta tomar un poco de líquido y continuar con su actividad normal, uno o dos días comen muy mal alternando con un siguiente día de muy buen comer, como si se tratara de compensar los días anteriores, el incremento de peso y talla en estos pequeños no se afecta.¿Qué otras causas pueden condicionar que mi hijo no quiera comer?
Las parasitosis son a menudo la explicación que todos encuentran para justificar la falta de apetito en un niño y se recurre en ocasiones a esquemas indiscriminados de "desparasitación" algunas veces en forma empírica y sin supervisión médica en cuanto a dosis o medicamentos seleccionados incluyendo el riesgo de los efectos adversos. Si bien es cierto que las infecciones parasitarias son una causa importante de falta de apetito, no es la única de origen afeccioso, pues podemos encontrar infecciones por virus o bacterias que están ocultas y que se deben de ir a buscar, una de ellas es por ejemplo la infección de vías urinarias, para la cual contamos con pocos síntomas en niños pequeños, pero uno de los datos constantes es la falta de apetito, dichas infecciones deben de ser sospechadas o buscadas por un médico antes de que se intente iniciar un medicamento en forma empírica incluyendo la costumbre de desparasitar periódicamente a los niños sin previa valoración médica.
Algunas otras enfermedades crónicas o malignas tienen como antecedente haber iniciado con falta de apetito, fatiga, fiebre prolongada, entre otros síntomas, de tal forma que tampoco puede ser un dato que se pueda subestimar, es importante saber que la anorexia puede acompañar a enfermedades banales, severas o simplemente ser parte de los cambios de conducta de los niños.
Es importante mencionar que cuando existen problemas emocionales en el núcleo familiar y los niños logran percibir un ambiente agresivo, hostil, violento, o incluso indiferente hacia ellos, pueden manifestar su angustia mediante rebeldía para comer consiguiendo de esta forma captar la atención de los padres o adultos que les rodean, en ciertos casos la negación de los niños para comer logra desestabilizar tanto a la familia que se requiere de terapia familiar al origen de la anorexia.

¿A qué medidas debo de recurrir para que mi hijo coma bien?
La alimentación debe ser un hábito, que se va creando en el niño desde el momento en que se le introducen alimentos diferentes a la leche, por lo que se ha propuesto que al educar a los niños a comer verduras antes de conocer las frutas serán menos selectivos a lo dulce en lo sucesivo, y se acostumbrará al niño a comer con el mismo agrado cualquier alimento.
El horario es otra medida importante pues si permitimos que los niños tengan acceso a los alimentos constantemente, y sin horas establecidos, favorecemos la aparición de "antojos" y el niño solo comerá cuando lo que se le ofrezca sea atractivo, sin reparar en cantidad o calidad. Además, evitar que coman entre comidas logrará que cuando el niño tome sus alimentos lo haga en forma ordenada y que no se les distraiga el apetito.
La diversidad de platillos que se ofrece a los niños también deberá ser amplia, con la finalidad de que aprendan a comer de todo y no se fastidien de un mismo menú. Evitar también riñas y castigos a la hora de comer ayudará a que el niño no sienta que la hora de la comida es una agresión.
¿Qué utilidad tienen las vitaminas y los estimulantes del apetito?
La utilidad de medicamentos como vitaminas y estimulantes del apetito es controvertida, ya que primero se debe descartar que el niño sea portador de alguna enfermedad, después tener en cuenta las medidas de disciplina en los hábitos de alimentación y posteriormente tener presente que existen muchos medicamentos que efectivamente estimulan el apetito, actuando en el cerebro en el centro que provoca la sensación de hambre.
Así, dichas medicinas se pueden administrar cuando un médico va a vigilar a los niños, porque pueden tener efectos secundarios como es la baja de glucosa en forma súbita, lo cual se presenta como un desmayo, por ejemplo, tornándose entonces una situación angustiante, puesto que no se conocen los efectos secundarios de estos estimulantes del apetito.
O bien no todos los niños tienen la misma susceptibilidad, algunos otros pueden tener mucho sueño y sed en forma transitoria, pero en otros niños el efecto es inmediato y la manifestación de hambre se hace evidente.
Los complementos vitamínicos pueden auxiliar en las situaciones de carencias específicas, más no sustituyen una comida, es decir si un niño no está comiendo en forma balanceada no se debe de pretender equilibrar su dieta con solo administrar vitaminas.
En algunos niños es muy evidente que la administración de hierro, por ejemplo incremente el apetito, pero también es cierto que dosis elevadas de vitaminas lo inhiben.
De tal forma que lejos de ser nocivo, dar medicamentos para que un niño coma bien, es aconsejable tener presente todas las causas de anorexia o falta de apetito en los niños pequeños ya que este puede ser el dato cardinal de alguna enfermedad que se esté desarrollando.Si bien el objetivo no es alarmarse sin razón, sí es el crear conciencia de que una adecuada vigilancia pediátrica puede manejar estas situaciones antes de que se conviertan un serio problema de salud.

Por Dra. Magdalena Cerón Rodríguez

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miércoles, agosto 30, 2006

La television y los niños

Por Dra. Magdalena Cerón Rodríguez

En la época actual la televisión juega un papel muy importante en el desarrollo y la educación de nuestros hijos, por lo que es importante saber en qué forma influyen en los niños los programas de televisión, los comerciales y más aún el tiempo que pasan frente al televisor sin relacionarse con su familia, su medio y dejando atrás otras actividades importantes como lo son los juegos, deportes, y la convivencia con otros niños.

En cierta forma, la actitud pasiva del niño frente al televisor evita que ellos desarrollen su creatividad, limita su imaginación y condiciona también que puedan tornarse imitadores activos de conductas violentas, consumidores compulsivos, entre otras.

¿Cómo puedo saber si el tiempo que mi hijo ve la televisión es adecuado?

Si bien es cierto que no existe un tiempo determinado que se pueda prescribir para ver televisión, se debe de tomar en cuenta la edad de los niños, otras actividades que ellos puedan desarrollar como jugar, hacer deporte, tareas, convivencia con la familia y descanso. En Estados Unidos, por ejemplo, la Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de 2 años no pasen más de una hora frente al televisor, el tiempo recomendado para niños por arriba de los 3 años es de dos horas en promedio; el objetivo no es establecer horas en forma estricta, sino considerar que el niño verá televisión además de realizar otras actividades y no sólo entretenerlo con tiempo excesivo con programas de televisión.

¿Qué debo considerar para elegir los programas de TV?

El contenido es importante, habitualmente los programas con exceso de violencia invitan a los niños a imitar comportamientos que pudieran ser peligrosos, también se debe de tener presente que en la época actual existe un importante contenido sexual aún en programas catalogados para toda la familia, transmitiendo a los niños y adolescentes inquietudes sexuales a muy temprana edad, sin ser dirigidos adecuadamente, es decir, no toman en cuenta riesgos ni precauciones que debieran tener presentes.

Es importante acompañar al niño a ver televisión y entender cuál es el mensaje que el programa posee en realidad, ya que además de sexo y violencia, podrían ser de contenido agresivo en cuanto a sensibilidad, moral, religión, de acuerdo a diversos núcleos familiares y sociales, por lo que uno tendrá el derecho de elegir lo que queremos que nuestros hijos vean, pues esto también participará en su educación.

¿Qué importancia tiene el contenido de los comerciales?

Los comerciales son mensajes que los niños están captando en forma constante pues se transmiten repetidamente y logran trascender en niños pequeños, a veces por lo melodiosos, coloridos, chuscos e ingeniosos, suelen proporcionar mucha información en pocos segundos, se considera que un niño puede recibir un promedio de mil anuncios televisivos en un año, el grueso de estos anuncios invita a consumir en forma exagerada, juguetes, dulces, cereales, refrescos, tabaco y alcohol, tratando de convencer que estas conductas conducen a la felicidad o a la popularidad, por lo que los niños necesitan la orientación de un adulto para explicarles que mucho de ese consumo puede no ser necesario o incluso cual puede ser nocivo para la salud.

¿Cuáles son entonces los programas de elección para niños?

Siempre debemos fomentar aquéllos cuyo contenido sea educativo, agradable y divertido, que favorezcan la imaginación y creatividad de los niños, los que muestren conductas positivas hacia personas y de respeto y cariño a los animales, los que enseñen en forma atractiva hechos históricos o conocimientos de la naturaleza. No podemos pasar por alto el gusto de los niños por las películas de aventura, acción y ciencia ficción, lo cual es positivo siempre y cuando podamos conocer el contenido.

¿Cuándo evitar que el niño vea televisión?

No sólo debemos evitar programas de alto contenido de agresividad, sexo, drogas, tabaco, alcohol, por ejemplo, debemos evitar que los niños vean el televisor mientras hacen la tarea ya que esto interfiere con el buen aprovechamiento y la concentración, asimismo evitar que lo haga mientras el niño come, ya que logra distraer tanto su atención que pudiera no comer adecuadamente, además que este tiempo debe de ser de convivencia familiar, debemos de proporcionar tiempo suficiente para que el niño juegue y tenga alguna actividad deportiva que no debe de ser sustituida por tiempo excesivo ante la TV.

El tiempo que un niño invierte frente al televisor no necesariamente es nocivo, por el contrario, puede aportar cosas muy positivas en cuanto a conocimientos y recreo, sin embargo, es importante cuidar lo que el niño ve, el tiempo que invierte y no olvidar que la televisión no debe de cuidarnos a los niños cuando estamos lo suficientemente ocupados como para dedicarle tiempo y cuidado a un niño.

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miércoles, agosto 16, 2006

Cómo manejar la separación al inicio escolar

Cómo manejar la separación al inicio escolar


La experiencia de dejar "por primera vez el hogar" para asistir a la escuela puede ser una aventura emocionante y excitante para el niño, ya que le va a proporcionar la oportunidad de probar los recursos que ha adquirido durante su desarrollo; sin embargo, esta experiencia en otros niños, lejos de ser emocionante y excitante es más bien atemorizante y en muchas ocasiones de sufrimiento intenso, promoviendo, de esta manera, una dificultad importante para adaptarse a la escuela y a sus compañeros.

Es importante destacar que en la actualidad una gran cantidad de niños y de niñas empiezan esta experiencia de "irse a la escuela" desde edades muy tempranas al ser llevados a la guardería, porque la madre tiene que trabajar para ayudar a la economía familiar y en este sentido la transición de la guardería a la escuela tiene otra dimensión, ya que son niños que se han ido acostumbrando a esta rutina y quizá la única dificultad que podríamos encontrar, si así lo podemos llamar, es cierta inquietud y molestia por el cambio de escuela ya que como todos sabemos cualquier cambio produce estas sensaciones las cuales desaparecerán al irnos adaptando a las nuevas situaciones.


La otra cara de la moneda son los niños que nunca han estado en una guardería y que aproximadamente a los cinco años tienen que empezar a ir a la escuela; como mencioné puede ser emocionante o bien atemorizante, esto desde luego va a estar en relación al desarrollo que ha adquirido el niño durante estos primeros años, si éste ha sido adecuado el niño no tendrá mayores dificultades para adaptarse a esta situación, buscará relacionarse con los compañeros y participará activamente en los cantos y juegos con la educadora.

Cuando el desarrollo no se ha visto favorecido para que el niño sea capaz de separarse es cuando se presentan problemas ante el inicio de la escuela y va a depender en qué grado el niño no puede separarse, lo que determine la posibilidad de que finalmente se adapte o bien hasta el hecho de que se tenga que buscar una ayuda profesional.

En esta misma sección el día 28 de diciembre de 1996 se publicó el artículo ¿Cuidado o Sobreprotección? y en él se mencionaba que cuando el chico es sobreprotegido y, dependiendo del grado, presentará miedos y desesperación cuando es separado de la figura sobreprotectora y en algunas ocasiones se llega a producir en él una sensación de muerte por la angustia de separación, lo cual provoca que su estancia en la escuela sea de verdadero sufrimiento. Ahora bien ¿qué hacer y cómo manejar la separación cuando nuestro hijo va a iniciar la escuela?
En primer lugar se sugiere hablar del tema con suficiente anticipación, quizá los dos meses del periodo vacacional, incluso es recomendable llevarlo para que vea las instalaciones del jardín de niños al que va a asistir y todo el tiempo manifestarle nuestro gusto porque él inicie esta experiencia. Cuando finalmente llegue el primer día de clases se sugiere no prolongar la despedida, ya que esto provoca que el niño entre en angustia al detectar nuestra propia angustia de tener que dejarlo.

No hagamos trampas, la más frecuente: "se me olvidó ponerle el lunch, se lo voy a llevar", esto únicamente incrementa la dificultad de los niños para adaptarse a la escuela. No nos quedemos rondando por los alrededores de la escuela esperando ver a nuestro hijo "para ver cómo está trabajando".

Por otra parte, es hasta cierto punto natural que los primeros días nuestro hijo llore un poco al separarse de nosotros, pero es un llanto que se calma al ingresar a la escuela, por lo tanto, cuando esto suceda, hay que entregarlo rápido y retirarse.

Sin embargo si durante un periodo largo el niño no puede controlar esto y además dentro de la escuela continúa llorando por largos espacios de tiempo, no trabaja y no se relaciona con otros niños es aquí cuando es necesario buscar ayuda profesional con psiquiatras especializados en niños y adolescentes.


escrito por:
Dr. Sergio Muñoz Fernández*

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domingo, agosto 06, 2006

Guía para usar el "tiempo fuera"

Guía para usar el "tiempo fuera"

Este artículo fue reimpreso de Texas Child Care, un periódico trimestral publicado por la Comisión de Trabajadores de Texas.

"Cindy, si tú haces eso una vez más, te pongo en tiempo fuera".
Revistas populares y seminarios de educación de padres a menudo presentan el "tiempo fuera" como una herramienta de disciplina. Pero muchos padres encuentran que el tiempo fuera no siempre funciona. Si usted se siente frustrado con esta técnica, lea esta guía. Quizás usted descubra maneras de usar el tiempo fuera más efectivamente.


Use estas sugerencias :

Evite usar el tiempo fuera con bebés y niños pequeños. Nunca es apropiado disciplinar a niños por conductas que están fuera de su control o comprensión. Nunca se debe ignorar o aislar a los niños pequeños. Al contrario, rediriga o guíelos hacia actividades más aceptables.

En niños mayores de 3 años, limite la frecuencia y la duración del tiempo fuera. El tiempo fuera pierde efectividad cuando se usa más de una o dos veces por semana, o por más de dos o tres minutos cada vez. La idea es darle a los niños un respiro -- un momento fuera del centro de la actividad -- a fin de que recobren el control y consideren maneras diferentes de comportarse.

Asegúrese que sus expectativas con respecto a la conducta de sus hijos corresponden en la realidad con los niveles de habilidad de sus hijos. Por ejemplo, una niña de 2 años usualmente no es capaz de compartir un juguete favorito. Por lo tanto, sería inapropiado que la discipline por egoísta. Por otra parte, una niña de 5 años puede interactuar lo suficientemente bien con otros niños como para controlar el impulso de voltear el tablero del juego de mesa si pierde. En este caso, el tiempo fuera le ofrece a la niña una oportunidad de considerar otras maneras de cómo manejar con la frustración y la desilución.

Ninguna técnica de disciplina debe servir para humillar, amenazar o atemorizar. Poner al niño en aislamiento o en ridículo aumenta las probabilidades de que éste siga descontrolado.

Investigaciones recientes indican que los niños que están disciplinados con dureza tienen más propensión a actuar agresivamente que aquellos que fueron disciplinados con consistencia y atención. Recuerde, los niños imitan la conducta de los adultos. Si usted grita y humilla, es posible que sus hijos hagan lo mismo.


Durante el tiempo fuera, ayude a sus hijos a manejar lo que sienten. Muchos niños se benefician de un momento de reflexión calmada, pero ellos necesitan el apoyo contínuo de adultos cariñosos para poder separar lo bueno y lo malo de ciertas conductas. Ayude a los niños hablándoles calmadamente, haciéndoles preguntas, y respetando lo que sienten. Pregúnteles, ¿me puedes decir de qué otras maneras pudiste manejar ese problema?

Asegúrese siempre que los niños saben por qué se les está disciplinando. Con sus reacciones claras y consistentes, los niños aprenden cuáles conductas son aceptables para usted y para la sociedad. Cuando usted se muestra inconsistente y confundida respecto a cómo responder a conductas inapropiadas, los niños tienden a hacerlas otra vez. Por ejemplo, es probable que August, de 4 años de edad, se sienta confundido sobre cuándo y si incluso es aceptable golpear a otro niño si cuando él le pega a unos compañeros el lunes los padres lo castigan, pero cuando pelea el jueves, los padres lo alaban por haberse defendido. O, es probable que Angélica volverá a coger un chicle de la cartera de la mamá sin permiso si cuando lo hizo el miércoles la mamá la puso en tiempo fuera, pero cuando ella lo hizo otra vez el viernes, la mamá se sonrío por esa travesura. Al final de cuentas, Angélica no sabe cuál es la regla de conducta que ella debe seguir.
La orientación y la disciplina ayudan a los niños a aprender a tener auto-control y juicio propio. Siguiendo estas guías, usted puede promover la auto-disciplina y confianza personal de los niños. Además, usted puede fomentar la resolución de problemas y la toma de decisiones que contribuyen a tener éxito en relaciones sociales en toda la vida.

Este artículo fue adaptado por Lenore Peachin Wineberg, una profesora de la infancia temprana de la Universidad de Wisconsin en Oshkosh.

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